• Opinión

    Pepinos alemanes hechos en España

    La verdad es que Alemania está en racha con España, al menos en los medios. Como si nunca hubiese roto un plato (a pesar de los escándalos que le han ido apareciendo a cada paso durante la crisis, desde el...

      • Autor
      • Editorial de Anuncios
    • 15 junio 2011
  • La verdad es que Alemania está en racha con España, al menos en los medios. Como si nunca hubiese roto un plato (a pesar de los escándalos que le han ido apareciendo a cada paso durante la crisis, desde el Deutsche Bank hasta la Deutsche Post, pasando por alguna marca de automoción que ha salido en los papeles del corazón), en un plazo de unos días se ha permitido (por boca nada menos que de su cancillera) recomendarnos trabajar más, con ignorancia de las estadísticas oficiales de horas laborables, para, acto seguido, dar un golpe de 300 millones de euros a esos españoles a los que sugiere no dormir la siesta merced a la famosa crisis del pepino. Ahora no van a dormir ni por la noche. Y con el amor propio que tenemos (que se lo pregunten a Pepe Botella), ya está liada la campaña antialemana. Lo que unido a las permanentes campañas antifrancesa y antibritánica, empieza a dibujar un panorama ligeramente paranoico. Pero más vale que nos controlemos porque lo que estamos viviendo en realidad es una batalla muy desigual entre dos marcas. Podemos ganarles en el Mundial, pero en el ranking de marcas-estado, viajamos en el furgón de cola de los países desarrollados. Estamos mejor que Grecia y Portugal, sí, pero comprobamos cómo Alemania y el Reino Unido han tenido que pagar con un porcentaje muy superior de su PIB el rescate de sus bancos, pero los efectos de las dudas sobre las cajas los paga España. Y es que el mercado financiero es una batalla de percepciones y marcas, por encima de datos y realidades. Cómo lo sabían los que acuñaron en la City el simpático acrónimo de PIGS para los países mediterráneos. Pero, ante tanta desigualdad en el campo de batalla, la estrategia no puede ser frontal. Al contrario, debería ser mucho más sutil e inteligente que promover contraproducentes boicots. Por ejemplo, Alemania viene a contratar ingenieros españoles. Eso tiene una parte buena y otra mala. No hace falta explicarlas, hace falta destacar la buena. Por ejemplo, y hablando de pepinos, está a punto de lanzarse un buen pepino alemán de cuatro ruedas hecho en España para todo el mundo: el Audi A3. Mucho más inteligente sería que alguien en algún sitio y con presupuesto para ello aprovechara este hecho para mejorar la percepción de España en el mundo, arrimándose al lanzamiento del modelo de la marca alemana. Es sólo un ejemplo de muchos posibles. Un poco de ambush marketing no nos vendría mal.

    David Torrejón

    Director editorial