• Opinión

    Yo, mí, me, conmigo o el ego de los que trabajamos en publicidad; por Jose G. Pertierra

    ¿Te imaginas yendo al dentista y estar dictándole desde la silla de paciente y con la boca anestesiada paso a paso cómo hacerte una endodoncia? ¿O discutiendo con el mecánico del taller el calibre de la llave...

      • Autor
      • Editorial de Anuncios
    • 30 julio 2014
  • ¿Te imaginas yendo al dentista y estar dictándole desde la silla de paciente y con la boca anestesiada paso a paso cómo hacerte una endodoncia? ¿O discutiendo con el mecánico del taller el calibre de la llave que tiene que usar para reparar tu coche? Pues este es cada vez más el día a día de los que trabajamos en publicidad, marketing y diseño. Actualmente, en nuestro querido sector, el cliente, a pesar de sus comprensibles lagunas en cualquiera de las materias en las cuales nosotros somos profesionales, exige y decide en muchas ocasiones cualquier paso que se da hasta conformar una relación cliente-proveedor cada vez más complicada. Porque si hay algo que todos los que nos dedicamos a esta profesión tenemos es ego, ese pequeño orgullo que sale a relucir cuando menos nos lo esperamos, y el ego de un director creativo, un copy o un diseñador puede más que el sentido común de un cliente; inmediatamente nos sentimos insultados y cuestionados si éste emite cualquier opinión que cuestione nuestro trabajo. Cuando esto sucede, tendemos a reducir instantáneamente al cliente a la figura de alguien sin conocimiento ni criterio, sin siquiera considerar que es posible que nuestras propuestas creativas puedan no ser tan interesantes como creíamos o simplemente que no hemos atinado con lo que la marca quería y necesitaba. ¿Tanto peso tiene el ego en las relaciones profesionales de la creatividad publicitaria? En profesionales de nuestro sector, una buena dosis de egolatría se hace necesaria porque resulta indispensable para darnos confianza a nosotros mismos, necesaria a a su vez para animarnos a dar el salto de calidad que exige la imaginación y frescura de nuestra profesión.

    En el 90% de las veces que se ha presentado un proyecto a una marca, el equipo creativo ha ido nervioso a la cita con el cliente, pero confiado en que lo que lleva es un buen trabajo, fruto del entusiasmo y el buen hacer de todos. Hoy en día, esa confianza en el grupo ha desaparecido por completo y los continuos cambios de perspectiva y enfoque estratégico de las marcas han acabado por minar la moral de los creativos, que han pasado a considerar el momento de la presentación al cliente como una nebulosa donde con fortuna solo habrá que hacer algunos cambios superficiales y si la suerte no acompaña, una remodelación de la estrategia absolutamente completa. Obviamente, es maravilloso que reconozcan tu trabajo y tu esfuerzo, ¿a quién no le gusta? Pero si tienes los pies en el suelo sabes muy bien que hay que asumir que no puedes acertar siempre y que tener una muy buena autoestima y ser capaz de desenvolverte perfectamente en tu trabajo no significa que no te equivoques o que seas capaz de convertir el plomo en oro siempre y en todas las ocasiones.

    Lucha irracional

    Porque, ¿qué sucede en cuanto el cliente cuestiona la propuesta y no sólo eso, sino que además la rechaza? Pasa que se produce una encarnizada lucha irracional donde los creativos se sienten amenazados, nadie cede y cada uno se aferra a sus ideas, hasta que usualmente el más objetivo de la discusión acaba percibiendo que es momento de tranquilizar los ánimos y que nuestro ego no nos puede cegar, intuyendo que ahí no habrá nada bueno y que perderán todos. Y es que ni el diseño, la creatividad o el marketing son ciencias exactas, por lo que aferrarse de esta forma a una única idea es de una inmadurez casi infantil, una mala pasada de nuestro ego. Pretender que lo sabemos todo y que no nos equivocamos nunca nos convierte en arrogantes y malos profesionales, hay que estar dispuestos siempre a escuchar cualquier opinión, se dice que es más sabio no quien más sabe, sino quien más quiere aprender algo nuevo todos los días para mejorar. Para ser creativo es condición indispensable estar dispuesto a asumir riesgos, a experimentar y a adentrarse en territorios inexplorados, y ese carácter pionero, en muchas ocasiones conduce al fracaso y a la frustración, pero en muchas otras acaba formando enormes profesionales capaces de lidiar con su ego y el de los demás con una gran capacidad de negociación y liderazgo.

    Jose G. Pertierra

    Director de arte de Clicknaranja