En Wallapop llevan desde 2020 analizando la percepción de los españoles sobre los productos reutilizados con su estudio La red del cambio. En este tiempo, se han analizado desde nuevas formas de consumir, vivir y liderar el desarrollo sostenible, las barreras y prejuicios asociados a este tipo de consumo o el impacto de la compra y venta de productos reutilizados en la economía doméstica. En esta nueva edición, la sexta, en lugar de analizar únicamente los hábitos de consumo de las personas, desde la plataforma han querido entender qué hay detrás de sus decisiones de compra en un contexto de incertidumbre económica marcado por el incremento del coste de la vida. “Esto nos ha permitido incorporar una mirada más integral del consumo, que va más allá de lo económico o lo sostenible, como habíamos hecho en ediciones anteriores, para incluir también sus dimensiones emocionales y sociales. Porque hoy en día, el consumo no responde únicamente a necesidades, sino que está influido por factores como la presión social, la inmediatez o incluso la búsqueda de bienestar emocional a corto plazo”, explica Pol Fàbrega, responsable de sostenibilidad de Wallapop.

Nueva manera de consumir
Uno de los hallazgos más significativos del informe es el grado en que se ha asumido como normal un modelo de consumo poco eficiente. Así lo evidencian los datos: casi el 40% de los españoles reconoce comprar más de lo que necesita y, de ellos, cerca del 80% lo hace de forma frecuente, lo que indica que no se trata de algo puntual. A esto se suma que cerca del 40% del gasto medio se destina a productos no esenciales y que uno de cada cuatro artículos adquiridos en el último año apenas se utiliza de forma habitual. “En conjunto, esta información dibuja un patrón de consumo en el que compramos más, pero no necesariamente mejor ni de forma más útil”, evalúa Pol Fábrega. Esta manera de consumir genera una doble contradicción.
Hoy en día, el consumo no responde únicamente a necesidades, sino que está influido por factores como la presión social, la inmediatez o incluso la búsqueda de bienestar emocional a corto plazo
Por una parte, con el propio contexto económico, marcado por el aumento del coste de la vida y la incertidumbre financiera y, por la otra, con los valores de los consumidores. “La ‘doble contradicción’ que observamos no se entiende sin el cambio profundo en las reglas del consumo en las últimas décadas. Antes, ciertos hitos como acceder a una vivienda o comprarnos un coche eran más habituales y alcanzables; hoy, en cambio, el acceso a bienes estructurales es más complejo, y convivimos con un entorno que incentiva el consumo constante.
En este contexto, muchas decisiones de compra no responden únicamente a una necesidad funcional, sino también a una lógica emocional. La dificultad para alcanzar determinados objetivos a largo plazo hace que, en el corto plazo, busquemos pequeñas recompensas accesibles, esto es, compras que generan una sensación inmediata de alivio o control sin suponer un gran desembolso. El problema es que esta dinámica convive con una realidad económica exigente y con una creciente conciencia sobre la sostenibilidad. Es ahí donde surge la contradicción: sabemos que deberíamos consumir de forma más racional y alineada con nuestros valores, pero el propio contexto nos empuja en dirección contraria”, señala el responsable de sostenibilidad de Wallapop.
Esta información dibuja un patrón de consumo en el que compramos más, pero no necesariamente mejor ni de forma más útil
En este punto, el estudio apunta a un consumo como regulación emocional. El 70% de los españoles reconoce haber adquirido un producto como forma de auto premio tras momentos de estrés o frustración y el 53% admite hacerlo también en situaciones de aburrimiento. En palabras de Fàbrega, ese efecto positivo no siempre se materializa. “El 60% de los consumidores no experimenta ninguna sensación especial tras estas compras, un 16% reconoce sentir angustia y solo un 23% afirma sentirse satisfecho. Esto refleja que, en muchos casos, estamos utilizando el consumo como una vía de regulación emocional que no siempre cumple su función y que incluso puede generar cierta frustración”. En este contexto, las promociones y las modas tienen un impacto significativo en la forma en que se consumen productos.
De acuerdo con cifras que arroja la investigación, las primeras influyen directamente en el 92% de los consumidores. En el caso de las segundas, incitan a comprar al 52% de los encuestados. Aquí también habría que mencionar el papel creciente de las redes sociales, que están plenamente integradas en la vida de los usuarios. Tanto es así, que condicionan las decisiones del 44% de los españoles a la hora de comprar, cifra que se eleva hasta el 75% en el caso de los jóvenes de 18 a 24 años. Y no hay que olvidarse del fenómeno de las plataformas de consumo ultrarrápido: son utilizadas por el 78% de los españoles, una cifra que se eleva hasta el 95% entre los jóvenes de 18 a 24 años.
Más datos del estudio, en el último número de 'Anuncios'





