Las salidas de la bolsa de Mio Group y Jungle son coincidentes en el tiempo, aunque las compañías cotizaban en parqués diferentes desde junio de 2021 y marzo de 2022, respectivamente, y se producen por motivos distintos. En el caso de Mio Group, se alega una necesidad de dotar a la compañía de mayor flexibilidad para desarrollar su plan estratégico a largo plazo y, en el de Jungle, se considera que, al no tener free flow, el valor de la compañía que arrojaba el mercado no refleja su crecimiento. Esta situación nos sirve de base para analizar la conexión entre la industria de la publicidad y el mercado bursátil.

Esta doble circunstancia, en realidad, no responde a una cuestión exclusiva del sector de las agencias, sino del propio mercado alternativo bursátil, creado para atraer a pequeñas y medianas empresas, con unos requisitos menores y unos costes más ajustados que los grandes mercados, buscando que las pymes puedan emitir sus acciones y acceder a nuevas fuentes de financiación vía ampliaciones de capital, y dotar de cierta liquidez a sus acciones, de tal manera que pequeños inversores puedan comprar y vender sus acciones, explican a Anuncios fuentes expertas. Pero, lo cierto, añaden, es que “estos mercados no han satisfecho los objetivos que algunas de esas empresas buscaban cuando decidieron salir a cotizar, especialmente, en lo relacionado al acceso a nuevos recursos que facilitaran su crecimiento”. No es solo un tema de agencias, sino que se extiende a las empresas de servicios profesionales. Además, y esta reflexión sigue siendo general, no exclusiva para las agencias “la liquidez de las acciones (la demanda de compra y la oferta de venta) no ha funcionado como se pretendía, el número de títulos que se compran y venden es muy reducido y el valor de la acción cotizada (que se fija por el precio de compra y el de venta) es casi plano, comprando muchas veces las propias empresas sus títulos para cuidar el valor de la acción, que tendía a caer, precisamente, por el efecto del mecanismo del mercado: pocos compradores y más vendedores, por lo que el valor cae”. Para estas mismas fuentes, por lo general, las razones que llevan a estas compañías a salirse de los mercados alternativos son tres: porque no se han cumplido las expectativas, por el descenso del valor de capitalización (aunque este sea un dato tan ficticio como el propio mercado, recordemos) o porque los gestores de esas compañías contemplen movimientos corporativos de otro calado (por ejemplo, la venta o entrada de nuevos socios en el accionariado, por citar algunos).
Por su parte, Ángel Riesgo, consultor de marketing, entiende que el vínculo entre publicidad y bolsa ha sido y es testimonial. “El sector en España tiene unos niveles de rentabilidad baja y de riesgo alto, por lo que no es un atractivo valor para inversores institucionales, aunque puede serlo, y lo ha sido, para inversores del sector (compras de grupos multinacionales). Las salidas a bolsa han sido más por una cuestión de imagen y reputación que por acciones de capitalización importantes. Por eso es normal que, tras unos años de prueba, las empresas deshagan sus posiciones en las bolsas”. En cuanto a las limitaciones que implica, afirma que “hay costes aparejados y siempre una menor flexibilidad de actuación cuando cotizas en bolsa, al estar las empresas más controladas y vigiladas. Normalmente, implica un mayor coste de departamentos financieros y más distracciones para el CEO”.
Ángel Riesgo: “Hay costes aparejados y siempre una menor flexibilidad de actuación cuando cotizas en bolsa, al estar las empresas más controladas y vigiladas"
Para Daniel Casal,managing director de Bud Advisors, cotizar da rigor, pero también expone a un escrutinio constante que no siempre se traduce en ventaja competitiva. “Cotizar en bolsa ofrece dos ventajas evidentes: una, acceso a financiación y, dos, credibilidad ante el mercado. La exposición pública fuerza la disciplina financiera, el gobierno corporativo y la transparencia, tres atributos que no siempre están presentes en el tejido de agencias independientes. Además, permite convertir la acción en una moneda de adquisición y atraer talento con esquemas de participación. Pero esa visibilidad también tiene un coste. Para empresas de servicios, donde el valor reside en las personas y en la confianza, la cotización puede generar una presión trimestral incompatible con los tiempos de maduración de proyectos o integraciones. La volatilidad del mercado, especialmente en entornos con poco free float, puede distorsionar la percepción del valor real de la compañía”.
“Cotizar en bolsa ofrece dos ventajas evidentes: una, acceso a financiación y, dos, credibilidad ante el mercado", asegura Daniel Casal
Se manifiesta en la misma línea Kika Samblás, managing director de Scopen, que considera que, en un mercado tan saturado y fragmentado como el publicitario español, “dos compañías como Jungle y Mio han salido al mercado secundario en un momento de crecimiento con el objetivo no solo de comunicar su intención de continuar creciendo de forma relevante, sino también de acceder a capital no dependiente de inversiones privadas, fondos propios o financiación bancaria. Esto les ha dado una mayor visibilidad, así como una percepción de solidez que, en muchas ocasiones, puede ayudar a diferenciarse de otras compañías independientes del mercado. A cambio, estas compañías asumen obligaciones más complejas, tanto en materia de gobierno corporativo como en la presión de resultados y en la posible pérdida de control de la operación”.
Aporta/Limita
Con respecto a lo que este tipo de operaciones aporta y/o limita a la industria, estos analistas se manifiestan: “A la industria le aporta referencias y estándares. Las compañías cotizadas actúan como espejo: fijan métricas, ratios y modelos de crecimiento que ayudan a valorar al resto del ecosistema. LLYC, Making Science o Squirrel Media han contribuido, en ese sentido, a profesionalizar la conversación sobre resultados, márgenes y expansión internacional en el sector español. Sin embargo, cuando esas cotizadas sufren volatilidad o desconexión entre su valor bursátil y su desempeño real, el efecto se contagia: el mercado tiende a generalizar y penaliza a todo el conjunto. De ahí que la bolsa sea una herramienta útil, pero no necesariamente la más eficiente para medir la salud del sector. Su valor depende más de la madurez y del tamaño de las compañías que de su condición pública o privada”, cuenta Casal.
Para Samblás, estos movimientos representan un gesto más en favor de la solidez y profesionalización de un sector dominado por los grandes holdings internacionales, y en los últimos años, por la entrada de consultoras -en su mayoría de origen tecnológico- con operaciones de gran envergadura. “El hecho de que agencias independientes comiencen a cotizar, aunque sea en el mercado secundario, se puede percibir como un signo de profesionalización, estandarización y escalabilidad. Además, contribuye a transmitir un mensaje de consolidación del negocio, eficiencia operativa -derivada de las exigencias regulatorias- y potencial expansión internacional”.
Riesgo describe la industria española como fragmentada y pequeña, con un dominio de las multinacionales de un 80% del volumen, por lo que es más viable el crecimiento orgánico a no ser que se tenga una oferta muy diferenciada. “Estamos en un mercado donde solo crece lo digital (+10%) mientras que lo tradicional decrece (-3%). No es el momento de salidas a bolsa, hay otros valores mucho más atractivos para los inversores. En general, el mercado publicitario está en una fase de reconversión en todo el mundo. Las concentraciones anunciadas de algunas de las grandes agencias (Omnicom-Interpublic, movimientos en WPP y Dentsu, etcétera) son la muestra de un mercado en tensión, que como mucho se mantiene plano o declinando ligeramente”.
Las anunciadas salidas de Mio Group y Jungle del parqué ¿son un aviso a navegantes o, por el contrario, son casos aislados y específicos? Para la directiva de Scopen es una combinación de ambas cosas: “casos específicos con circunstancias particulares, pero con señales comunes que pueden interpretarse como un aviso para el sector. Aun así, no me atrevería a afirmar que se trate de una tendencia generalizada a partir de estos dos casos aislados”.
Kika Samblás: “El hecho de que agencias independientes comiencen a cotizar, aunque sea en el mercado secundario, se puede percibir como un signo de profesionalización, estandarización y escalabilidad".
Casal habla más de una constatación. “Ambas compañías han entendido que el mercado público no se adapta a su fase de crecimiento actual. Jungle ilustra la misma lección que Mio Group, aunque por caminos distintos: cuando la bolsa deja de ser una palanca de crecimiento y se convierte en un entorno de baja liquidez y alta rigidez, la decisión más sensata no es insistir, sino reconfigurar el modelo de capital”.
Los motivos para dejar la bolsa pueden ser muchos y diferentes en ambas compañías, imagina Ángel Riesgo. “Pueden responder a decisiones estratégicas o corporativas en las que estar fuera de los mercados públicos sea más conveniente, o puede que la baja actividad en el mercado financiero no justifique su presencia en él”.





