El debate sobre el sistema de remuneración de las agencias se ha convertido en una cuestión inherente a la propia industria. En busca de trascender en este ámbito, S4 Capital, el grupo presidido por Sir Martin Sorrell, tiene en marcha un modelo de suscripción para que los clientes tengan acceso a los servicios de su marca de agencia, Monks. Su objetivo, según publica Digiday, que el 25% de sus ingresos de este ejercicio proceda de esta novedosa modalidad comercial.

Como parte de este modelo, la agencia deja de vender por horas a ofrecer un acceso continuado a un paquete de servicios que contempla desde talento sénior hasta flujos de trabajo gestionados a través de la inteligencia artificial o agentes automatizados. Todo a cambio de una cuota que debe ser abonada por los anunciantes de manera recurrente y estable.
En cuanto a la mecánica, la duración inicial mínima es de un año. El despliegue inicial (que contempla la configuración de sistemas, integración de herramientas y puesta en marcha de procesos) está incluido en la propia suscripción, por lo que no se factura a parte. Además, el servicio mejora a la par que la propia tecnología, y es que a medida que los modelos de IA y los flujos de trabajo evolucionan, la agencia puede producir más o hacerlo con mayor rapidez sin necesidad de que se renegocie el contrato.
En dos capas
El modelo impulsado por Monks se articula en dos niveles complementarios. El primer lugar, el humano. La IA asume tareas tradicionalmente asignadas a perfiles junior, lo que permite a los clientes acceder con mayor flexibilidad a talento senior. Las horas no consumidas en un trimestre pueden trasladarse al siguiente, facilitando que el trabajo siga el ritmo del negocio y no el del calendario.
Por otro, el tecnológico, es decir, los flujos de marketing repetibles impulsados por agentes basados en modelos de lenguaje y capaces de ejecutar tareas estándar y personalizadas. Estos sistemas se apoyan en bases de conocimiento que combinan lógica operativa, datos del cliente e inteligencia sectorial, reduciendo tiempos de investigación y producción, aunque la mayor parte del trabajo sigue precisando de supervisión humana, por lo que no se trata de una tarea completamente autónoma.





