


Transparencia es la palabra del momento. Alcanzarla no es una ambición nueva en el sector, especialmente si hablamos de la gestión de medios —ámbito en el que se reclama casi desde que surgieron las otrora llamadas centrales—, pero en los últimos tiempos la apelación a una cadena de servicios de medios menos opaca la ha convertido en un término ubicuo. Un término, y la exigencia que conlleva, que han encontrado un portavoz de privilegio en Marc Pritchard, director general de marca de P&G, cuya ya famosa conferencia ante los miembros del IAB estadounidense —que reproducimos íntegra en este número—, en la que exigía transparencia, limpieza y estándares comunes para la publicidad digital, ha tomado carta de naturaleza como manifiesto en pro de mejores y más claras prácticas en la cadena de suministro de servicios de medios.



El sector y su cuota de sabios, estudiosos, investigadores e incluso gurúes más o menos autoproclamados parecen haber aprendido la lección y ya no es tan usual leer o escuchar las otrora habituales sentencias que certificaban la muerte de esta u otra herramienta, disciplina o medio de comunicación. La pauta de cambio acelerado que la revolución digital ha impuesto en los últimos llevó a dar por concluida la vigencia de muchas realidades tangibles e intangibles del sector –las cuales, por otra parte, gozan en su mayoría de excelente salud-. Una de ellas, tantas veces enterrada, es la televisión.

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