El cine como herramienta para interpretar el mundo y como experiencia capaz de emocionar y dejar huella centró las reflexiones de Leticia Dolera y Juan Antonio Bayona en el Día C. Dos visiones complementarias que coinciden en reivindicar el poder de las historias y la responsabilidad de quienes las construyen. En un contexto marcado por la saturación de contenidos y la fragmentación de la atención, ambos subrayaron la necesidad de dotar de significado a los relatos, apostando por un cine que trascienda la superficie, conecte desde la emoción y sea capaz de influir en la forma en que entendemos la realidad.
Los profesionales de la publicidad y del cine son gente creativa, ambos buscan captar la atención del público, cuentan historias y ambas industrias no son igualitarias y aspiran a crear en libertad. Leticia Dolera, directora de cine, guionista, actriz y escritora, hizo esta correlación al comienzo de un discurso que reivindicó el poder de las historias como herramienta para entender y transformar la realidad. “Me encantan las historias. Me parecen una herramienta increíble para reflexionar sobre quién soy”, subrayando su dimensión individual y colectiva.
En un contexto de saturación, alertó sobre la crisis de atención y la superficialidad emocional: “vemos mucho, pero retenemos muy poco”. Frente a ello, defendió que la emoción solo es valiosa si tiene fondo: “la emoción auténtica es aquella que está llena de significado”, y ese significado se construye a través del relato.
Dolera también puso el foco en el impacto cultural de las narrativas, capaces de moldear identidades y valores: “los modelos de identidad que nos proporciona el cine nos están revelando quiénes queremos ser”. Por ello, insistió en que “las historias no son inocuas”, sino que influyen en el imaginario colectivo y pueden reforzar o cuestionar estereotipos.
En su ponencia también hubo tiempo para una crítica a la desigualdad estructural en la industria y al peso de los sesgos en la representación, defendiendo la necesidad de ampliar miradas.
Por último, subrayó la responsabilidad de los creadores. “Si tenemos el martillo para crear la realidad, no creemos la misma realidad que nos han creado”, apelando a construir relatos más diversos, conscientes y transformadores.
La forma lo es todo
Costó ver el Kursaal lleno durante el evento, con la única excepción de la entrega de los Premios Nacionales de Creatividad y la esperada intervención del director de cine Juan Antonio Bayona. Su conversación con Óscar Romagosa, cofundador y productor ejecutivo de las productoras Roma y Heaven, generó una notable expectación, favorecida también por una franja horaria especialmente propicia para la asistencia, al tratarse de la última ponencia de la segunda jornada.
Bayona ofreció una reflexión sobre el proceso creativo y el valor del cine como experiencia emocional, pero también sobre su relación con la publicidad. El director situaba el origen de su vocación en el asombro: “no quería ser Superman cuando era un crío, quería volar”, una idea que, decía, sigue guiando su forma de contar historias.
El director defendía que “no es tan importante la historia que estás contando como el cómo la estás contando”, apostando por un cine experiencial que vaya más allá del guion. Para ello, subrayaba la necesidad de encontrar “la esencia de la película” y construir desde ahí.
En relación con la publicidad, Bayona la define como “una versión extrema” del lenguaje cinematográfico. “La duración es extrema, tiene que caber todo en unos pocos segundos, el rodaje se tiene que concentrar en muy pocos días”. En ese contexto, otorgaba la mayor importancia en las campañas publicitarias a sintetizar y priorizar. “Intentar entender realmente qué es lo importante, qué es lo que se tiene que ver en pantalla y de la forma más expresiva y económica posible”.
También destacaba la complejidad del proceso en publicidad por la multiplicidad de interlocutores. “Hay muchos elementos opinando y tienes que encontrar al final lo que haces”, aunque reconoce que puede ser estimulante “cuando consigues que todo fluya” y los distintos inputs convergen en un objetivo común.
Bayona reivindicaba el equilibrio entre creatividad e industria (“mezclar aceite y agua”) y la importancia del trabajo colectivo. “Tu estilo no eres tú, eres tú y la gente con la que trabajas”. Además, ponía en valor la intuición y el riesgo creativo: “el molde lo tienes que crear tú en cada película que haces”.
Frente al auge de la inteligencia artificial, protegía el papel del autor. “Lo importante es la lectura que tiene el artista”, diferenciando entre datos e interpretación. Y subrayaba la relevancia de dejar espacio a lo inesperado. “Si me voy a casa con algo que no esperaba, ese día es un éxito”.
Como cierre, lanzó un mensaje optimista sobre el futuro del cine. “Mientras exista esa idea de que no hay sitio mejor para ver una película que el cine, yo creo que hay un futuro”.





