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En recuerdo de Javier Castro, cofundador de 'Anuncios'

Esther Valdivia, presidenta y CEO de Publicaciones Profesionales, y Luis Muñiz, también cofundador de esta cabecera, recuerdan al profesional, que falleció la semana pasada

Javier Castro, cofundador en 1980, junto al periodista Luis Muñiz, de Publicaciones Profesionales, editora de Anuncios, falleció la semana pasada. Antes de fundar esta cabecera, había formado parte de la redacción de Campaña, hoy desaparecida, y tras dejar Publicaciones Profesionales puso en marcha Brandlife, cabecera que tampoco opera en la actualidad.

El equipo de 'Anuncios' (1984).
El equipo de 'Anuncios' (1984).

Fue director editorial de Anuncios desde el nacimiento de esta cabecera hasta su salida de la compañía, en 2005. En esa etapa, la editora lanzó otras cabeceras propias, como Noticias de la Comunicación (dirigida por Luis Muñiz) y Alternativas de Marketing (a cargo de David Torrejón), además de crear los Premios Anuncios del Año, hoy Premios Anuncios IdeAs del Año. Publicaciones Profesionales también respaldó, junto a promotores externos, el nacimiento de otras cabeceras como La Escuela de Madrid, especializada en arquitectura, y Alimarket, que sigue en la actualidad dirigida por parte de su equipo original.

En las siguientes líneas, Esther Valdivia, actual presidenta y CEO de Publicaciones Profesionales, y Luis Muñiz, cofundador de esta cabecera, recuerdan al profesional fallecido.

Javier Castro y Esther Valdivia.
Javier Castro y Esther Valdivia.

Gracias, Javier

Es el momento de encajar la triste noticia del fallecimiento de Javier Castro, fundador de Anuncios, que nos dejó hace unos días. Fue su director editorial desde noviembre de 1980 hasta febrero de 2005, fecha en que salió de la compañía. Echando la vista atrás, es momento de recordar tantos momentos compartidos.  Nos conocimos al inicio de mi carrera profesional, cuando él y  Luis Muñiz, daban un gran salto empresarial y pergeñaban con un equipo muy joven de periodistas, una redacción llena de ilusiones y ganas de comernos el mundo, conscientes de que nos debíamos a un lector exigente.

Y así, mediada la década de los ochenta, fue cuando se sentaron las bases en Anuncios de una redacción profesional, de la que Javier, sin duda, fue su piedra de toque. Su nombre quedará siempre unido a esa etapa en la que la convicción por el periodismo profesional, el esfuerzo y las buenas fuentes informativas harían posible un proyecto que acabaría liderando el sector de la prensa especializada en publicidad y marketing. Cabe recordar que Anuncios, gracias a la visión de Javier y Luis, aportó como novedad algo que a muchos les parecía imposible: noticias y reportajes de la máxima actualidad, tratados desde la mayor independencia y siempre con criterios periodísticos.

Quienes trabajamos con él lo recordaremos como una persona discreta, pero decisiva, cercana, pero firme en sus convicciones; una de esas figuras que no buscan protagonismo, aunque terminaran ocupando un lugar esencial.  Su aportación fue especialmente valiosa no solo en los primeros pasos de la compañía, cuando cada avance exigía confianza, paciencia y una clara voluntad de construir algo duradero, sino que también fue definitiva cuando negociábamos su venta a la multinacional VNU Business Media. Al terminar su etapa con  nosotros, en 2005,  dejó tras de sí una huella  profesional  sólida que fue  la base de  la evolución de  Anuncios,  cabecera que continuó creciendo después de su salida, consolidando su posición.

Hay personas cuya importancia no se mide únicamente por los cargos que ocuparon o las decisiones que tomaron, sino por la forma en que entendieron el trabajo compartido y el valor de construir desde la discreción. Los que tuvimos el gran privilegio de formar parte de su equipo aprendimos de su buen hacer, lo que nos ayudó a construir algo mucho más grande de lo que cualquiera de nosotros podríamos haber imaginado.

Gracias Javier, gracias.  Con tristeza te despedimos, con gratitud te recordaremos siempre.

Esther Valdivia

Presidenta y editora de Anuncios

Luis Muñiz y Javier Castro.
Luis Muñiz y Javier Castro.

Buen viaje, Javier

Me llega la noticia del fallecimiento de Javier Castro, con quien fundé esta publicación allá por 1980, hace la friolera de 46 años. La luctuosa nueva aviva en mí muchos recuerdos —ya muy lejanos y parcialmente borrados— de aquella época de ilusiones aún frescas y de este proyecto que logramos hacer realidad juntos, con la ayuda de un buen puñado de compañeros de viaje, socios, colaboradores, anunciantes, suscriptores y empleados.

Conocí a Javier en el otoño de 1973, cuando llegué a Madrid para estudiar Periodismo. Me incorporé entonces a la redacción de la revista Actividad Discográfica y luego a la de Campaña, de las que él formaba parte. Allí bregamos a las órdenes de Antonio Villegas y —tras años de cierta frustración profesional por el producto que realizábamos— terminamos urdiendo el plan que nos llevaría a fundar Anuncios. Eran tiempos de Carcoma y más tarde del Mester, su faceta musical de folklorista.

La euforia de aquellos años de universidad y las ganas de hacer verdadero periodismo, me hicieron ver la oportunidad de crear un auténtico “periódico”, con todas sus características básicas, pero adaptado y dirigido específicamente a los profesionales de la publicidad y el marketing, que les informara con rapidez y realismo sobre lo que ocurría en el sector (Entérese de lo que pasa en su agencia. Léalo en Anuncios, rezaba uno de nuestros eslóganes), con los mismos códigos formales que el diario de cada mañana y un cierto aire a El País, que era lo que entonces imperaba. Y con la misma periodicidad que la norteamericana Advertising Age o la británica Campaign, es decir, semanal. Algo que no existía en nuestro país. Para que no hubiera que enterarse de que Dardo había conseguido la cuenta de Iberia cuando su primera campaña ya estaba en televisión.

A principios de 1980, Javier ya había dejado Campaña para encargarse del gabinete de prensa del Consejo Superior de ATS, donde también realizaba la revista colegial de enfermería, pero se adhirió enseguida a aquella idea mía, que algunos creían descabellada. Un periódico sobre publicidad. Con independencia y la máxima objetividad posible. Al principio él compatibilizó aquel empleo con la subdirección de Anuncios, para la que constituimos Publicaciones Profesionales S.A., un poco a hurtadillas, junto a los primeros socios del propio sector que participaron en la empresa, lo cual también fue otra innovación. Javier y yo éramos un tándem que alguien llegó a comparar —con evidente desmesura— con Bernstein y Woodward (Agustín Elbaile dixit), quizá porque estaban en boga por el caso Watergate, como prototipo del periodismo valiente y de investigación. Un referente para muchos.

Doy por conocida la historia de aquella aventura, de la que prefiero reservar sus interioridades, con éxitos y sinsabores, penurias y lógicos roces. Fueron años duros, de días y noches de trabajo y cierres, abriendo caminos donde no los había, explorando (a veces a ciegas), con no pocas presiones y una defensa de nuestra independencia en un terreno hostil, poco acostumbrado al periodismo. Allí vivimos el mayor periodo de esplendor de la publicidad española, en primera fila y sin parpadear. Construyendo un proyecto innovador que se convirtió pronto en la referencia informativa de la publicidad y el marketing en nuestro país, que luego traté de emular en 1991 con Noticias de la Comunicación, sobre los medios y el periodismo. Pero esa ya es otra historia.

Nuestros caminos se separaron cuando me vi obligado a dejar la empresa en 1995 y me dediqué en exclusiva a Noticias, que tuve que reorientar. Tampoco deseo hablar ahora de aquella salida, que no fue agradable precisamente, como es fácil de imaginar. La considero agua pasada y su recuerdo queda entre las costuras de tantas vivencias juntos, en lo personal (con un sincero abrazo para Ana desde aquí) y en lo profesional (con unas metas alcanzadas que nunca habíamos soñado), que perfilaron aquella amistad. Luego también a él le llegó el turno de dejar la compañía. Nadie es imprescindible. Lo comprobé pronto y supongo que Javier también.

Aún guardo su recuerdo ante la máquina de escribir —tuvimos que llevar cada uno la nuestra para poner en marcha aquella empresa, apenas sin recursos—, dando caladas al cigarrillo entre frase y frase, tomando un trago de cerveza o de whisky de vez en cuando y escuchando aquel pequeño transistor que solía acompañarle a todas partes dentro de su cartera para mantenerse al día (gracias al que nos enteramos de la entrada de los golpistas en el Congreso el 23-F). Amigo de sus amigos, pero insobornable en su independencia y ética, recordaba a aquellos míticos periodistas de película americana. Rápido y expeditivo, llenaba folios a toda velocidad. Muy eficaz en su tarea. Algo que yo admiraba, lastrado por mi afán de perfeccionismo y de no saber delegar. Quizá por eso nos complementábamos. También en las relaciones personales, que —como buen gallego— manejaba mejor que yo. Y en los números y la tecnología, que no eran lo suyo.

Supe de su enfermedad hace un tiempo, ya desde la distancia, a través de amigos comunes. Siento no haber tenido la oportunidad de recordar con él estas historias del abuelo cebolleta, que ya es lo que nos corresponde. Y de despedirme. Así que lo hago ahora aquí, Javier, desde las páginas que un día pusimos en marcha juntos. Espero que tengas un buen viaje a Ítaca. Y que la tierra te sea leve.

Luis Muñiz

Cofundador de Anuncios

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