
Rafael Fernández, director creativo en Tangity
Empiezo por lo fácil: me desinstalo el Teams del móvil. Y el Outlook. Y hoy, con el calor que hace y lo quemado que me tienen, hasta el WhatsApp. Me subo a un avión, o a un tren, o a un coche o a un autobús. Da igual a qué, porque lo importante es con quién: mis dos personas favoritas. Y nos vamos a algún sitio en el que no hemos estado y escuchamos música que nos sabemos de memoria, a ratos Red Hot, a ratos Ben Harper y a ratos Oques Grasses y Trueno. Es lo que tiene que una de tus personas favoritas sea tu hijo y que sea un crío encantador, que entre bro y bro a veces te lía y le dejas poner kétchup hasta en el Spotify. A cambio le hago visitar museos, subir montañas o nadar hasta calas lo suficientemente lejanas como para que se duerma como un tronco y nos deje leer tranquilos o besarnos en paz. Y reaprender, o recordar, lo que es vivir sin prisas. Y sin Teams.
Maite Rodríguez, ‘chief strategy officer’ de Clear Channel
Confieso que yo suelo llevar a cabo mis vacaciones soñadas cada año, que no tienen que ver tanto con un destino exótico, como con un cambio real de ritmo.
Me encanta viajar, si es verano suelo ir al norte de Europa y luego al norte de España, huyendo del calor.
Por un lado, busco descubrir lugares, conocer su historia y costumbres. Esto lo preparo con tiempo.
Por otro, necesito acabar con unos días más tranquilos para escuchar música, estar cerca del mar y pasar tiempo con mi familia y amigos. Para estos días tranquilos suelo estar cerca de la naturaleza o del agua. También comer bien, dormir sin despertador y recuperar pequeñas cosas que durante el año quedan en segundo plano: leer por placer (y no por la temática sobre lo que esté escribiendo), escribir sobre temas nuevos, conversar hasta tarde.
Al final creo que preciso sentir que, durante unos días, no estoy corriendo detrás de nada, sea trabajo o cualquiera de las muchas aficiones que ocupan mi tiempo durante el resto del año. Así que vacaciones para mí es sinónimo de desconexión e inspiración. Las vacaciones ideales son aquellas en las que vuelvo con la cabeza más ligera, pero también con imágenes, ideas o emociones nuevas.
Gonzalo Ocio, responsable de la práctica de marketing en Accenture Song
Vivimos en la constante escasez de tiempo que nos hace movernos cada vez más rápido, reaccionar en lugar de reflexionar y sentir que siempre debemos algo a nuestros equipos, compañeros o clientes.
Para mí, unas vacaciones soñadas son esas que paran el tiempo. Esas que te permiten dejar el reloj en casa mientras te vas a una cala perdida en Menorca o descubres un karaoke escondido en Osaka. Las que te invitan a leer sin prisa, a tener tiempo de calidad con los tuyos o a echarte siestas improvisadas. Las que te devuelven ese perder el tiempo que tanto echamos de menos en nuestro día a día.
Por eso planifico mis vacaciones soñadas precisamente sin sueños, sin expectativas, sin agenda. Para que cada momento me sorprenda y me vuelva a conectar con lo que importa.
Esas vacaciones nos hacen mejores. Escuchamos más, disfrutamos más, olvidamos la prisa. Y nos hacen creer que el siguiente “curso” lo haremos mejor y no dejaremos que la rutina, nos vuelva a atrapar.
En definitiva, vacaciones de mucha conexión emocional.
María Álvarez, ‘managing director’ en Dentsu X
Unas vacaciones soñadas tienen nombre propio: volver a mi isla favorita, La Toja, rodeada de mi familia y de mis amigos del alma. No necesito mucho más. Es ese plan sencillo que nunca falla, donde todo fluye sin esfuerzo y el tiempo parece ir más despacio. El mar, el aire, los paseos… todo invita a bajar el ritmo y a disfrutar de verdad.
Si pienso en los elementos clave para desconectar, lo tengo clarísimo: descansar sin culpa, leer mucho (de esos libros que normalmente no encuentro momento para empezar), y hacer un paréntesis real con el trabajo. Cero mails, cero prisas. También me gusta mantenerme activa, así que el deporte forma parte del plan, pero desde el disfrute: caminar, nadar, moverme al aire libre.
Y, sobre todo, disfrutar de las pequeñas cosas. Una sobremesa larga, una conversación sin mirar el reloj, una puesta de sol. Para mí, ahí está la magia. En volver a lo esencial, en reconectar con lo importante y en regresar con la sensación de haber recargado energía de verdad.
Este contenido se ha publicado en el número 1750 de 'Anuncios'





