

La decidida apuesta de las empresas de telefonía por la televisión de pago parece haberla colocado, al fin, a las puertas de su verdadero desarrollo en el mercado español, en donde esta modalidad televisiva ha sido, desde que se implantó en los años 90, un reducto relativamente minoritario sin gran influencia ni en las cifras de cobertura del medio ni en las de inversión publicitaria a él dirigida.


Un vistazo superficial a los quioscos y al resto de establecimientos que venden prensa en nuestro país, incluso durante los peores años de la reciente crisis económica, pondría ante nuestros ojos un alto número y una notable variedad de títulos de revistas. El colorido y amplio panorama podría ser tomado, por el observador inexperto, como un razonable síntoma de buena salud sectorial y como un mentís rotundo a la tan traída y llevada crisis del papel.
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