

Un ligero crecimiento en las cifras de inscripciones y delegados, aderezado con un buen ambiente en los días del certamen, el general beneplácito sobre el nivel de las conferencias y una mejor adaptación a los atractivos de Bilbao como sede han conformado lo que podría considerarse una buena edición de El Sol, que ha celebrado así de manera adecuada, y con buen tiempo además, su treinta aniversario. La dimensión iberoamericana del certamen, que tanto ha costado encajar en el programa y en las mentalidades de uno y otro lado del océano (no olvidemos que el festival se hizo internacional nada menos que en 2003), parece haber entrado al fin en una senda provechosa y enriquecedora.

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