

Se diría que ya se ha hablado suficientemente en nuestro mercado acerca del valor que tiene el trabajo de las agencias de publicidad y de si es o no es justa y adecuada la remuneración que dichas compañías reciben por él. Esa cantidad de reflexiones, que se viene desgranando con intensidad variable desde que a principios de los 90 la fulgurante trayectoria del negocio de las agencias en nuestro país tuvo su primer tropiezo, ha crecido exponencialmente en los últimos años, a cuenta no ya de un tropiezo, sino de unas muy dolorosas caída y posterior enfermedad grave en forma de crisis económica que ha afectado de manera ostensible a la relación entre los anunciantes y sus agentes de publicidad.


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