¿Cómo es posible que los niños de República Democrática de Santo Tomé y Príncipe – cerca del 45% de la población- no hayan probado nunca el chocolate, siendo este pequeño país insular africano uno de los mayores productores de este producto, y en cambio, en Europa podamos disfrutarlo casi a diario? Esta injusticia ha encontrado en los creativos Jorge Martínez y Daniel Acosta una solución: el proyecto Cacao Feliz, que nació con el objetivo de crear algo nuevo y transformador. “Cacao Feliz está relacionado con aquello que mejor sabemos hacer los publicitarios: crear una marca, dotarla de sentido y de valores, y publicitarla a través de un relato que no solo logre llamar la atención del consumidor, sino de todos aquellos que buscan también canalizar su deseo de ayuda de una forma original y experiencial. Considero que la implicación de profesionales de la industria publicitaria en proyectos de emprendimiento social es una gran noticia y una extraordinaria oportunidad para que, desde una perspectiva humana y comprometida, pongamos en valor aquello que hacemos cada día”, explica Jorge Martínez.

Todo surgió hace tres años, cuando Daniel Acosta viajó a las pequeñas islas situadas en el Golfo de Guinea. Allí fue testigo no solo de su estrecha e histórica relación con la cultura del cacao (Santo Tomé y Príncipe fue la puerta de entrada del cacao en África desde Brasil) sino de las dificultades y carencias de sus habitantes: no tener acceso a ese cacao que se exporta a Occidente. “En su cabeza se activó el deseo de revertir esa situación, de implicarse con aquella gente. Creo que es aquí donde reside el verdadero punto de inflexión de este tipo de proyectos, en la diferencia que existe entre decidir querer cambiar las cosas o decidir ser un mero testigo de lo que ocurre a nuestro alrededor. En cuanto me explicó lo que pretendía, hice mío su reto y nos pusimos manos a la obra a trabajar para hacerlo realidad. Ha sido un proceso duro y emocionante del que hemos aprendido mucho y en el que hemos sido capaces de involucrar a mucha gente que también ha hecho suyo nuestro desafío”, recuerda.
"Cacao Feliz está relacionado con aquello que mejor sabemos hacer los publicistas: crear una marca, dotarla de sentido y de valores, y publicitarla a través de un relato que no solo logre llamar la atención del consumidor, sino de todos aquellos que buscan también canalizar su deseo de ayuda de una forma original y experiencial"
De paradoja a paradoja
El reto que tenían por delante estos dos publicistas era mayúsculo, sobre todo si te tiene en cuenta que esta paradoja lleva más de un siglo produciéndose y tiene que ver con un sector que en 2024 movió más de 125.000 millones de euros. Y suma y sigue. Esta contradicción se presenta en todos los países productores de África, un continente que produce el 74% del cacao mundial y que, al mismo tiempo, lidera todos los índices de pobreza global (9 de los 10 países más pobres del planeta son africanos, según el Índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas). Por eso era importante que Cacao Feliz aspirase no solo a beneficiar a la infancia de los países productores, sino a toda la comunidad. “Esto solo era posible con la implicación de toda la cadena que interviene en el proceso: el agricultor, el importador, el elaborador, la administración y la comunidad educativa. Y este ha sido, sin duda, el otro gran desafío”, señalan.
"No existe una sociedad solidaria y otra sociedad consumista. Somos la misma sociedad. Consumista y solidaria a partes iguales"
El corazón del proyecto es un programa piloto que beneficiará a unos 400 niños en el curso 2026/27. Se desarrollará en la escuela de Água-Izé, un rincón simbólico para la comunidad local por su historia ligada a las plantaciones de cacao. Allí, los niños de entre 6 y 12 años recibirán diariamente una bebida caliente elaborada con cacao granulado, vainilla y canela, tal como la consumían los olmecas hace miles de años. Para evaluar su impacto, una nutricionista y una psicóloga medirán parámetros nutricionales, cognitivos y de bienestar. “Lo que pretendemos demostrar no se ha hecho nunca: que el consumo del cacao por parte de estos niños y niñas que jamás lo han probado puede ayudar a mejorar su bienestar, sus niveles nutricionales y su rendimiento escolar”, apunta Martínez.
Los mejores aliados
Aunque Cacao Feliz se enmarca en la filosofía Bean to Bar —movimiento nacido en San Francisco a finales de los 90 que defiende la trazabilidad, la pureza y el precio justo para el agricultor—, el proyecto no quiere quedarse ahí. “Queremos ir más allá y aportar un nuevo valor diferencial que es la felicidad, la que ofrece Cacao Feliz al consumidor en España, y la que proporciona a la infancia de los países productores. Es ahí donde nuestra marca y nuestro producto (100% solidario) tienen la capacidad de abrir una nueva categoría, donde la calidad del chocolate no se mide solo por su sabor y su autenticidad, ni siquiera por la singularidad de su cacao, sino por la capacidad de impactar socialmente en el origen de ese cacao y mejorar la vida de sus habitantes”, indica Jorge Martínez. En este camino que acaba de comenzar, Cacao Feliz tiene destacados ‘aliados’ que han querido sumarse a esta iniciativa. “Hemos tenido mucha suerte de contar con el apoyo de Euro-Toques. Hablamos de la mayor asociación internacional de cocineros. Ellos entienden, mejor que nadie, el valor del origen y la importancia de apoyar a los pequeños productores, pero también el extraordinario impacto social que tiene la alimentación en el planeta. Es un sector comprometido que, además, tiene un enorme poder de prescripción. Cacao Feliz les permite no solo evidenciar su compromiso con los más desfavorecidos, sino incorporar un poderoso relato a su storytelling y llevarlo hasta la mesa a través de elaboraciones en las que utilizan nuestro cacao, haciendo que el comensal sea también parte de esta experiencia transformadora, parte de la cadena”, menciona Martínez.





