Después de haber dirigido su propia empresa, Ideas Fijas, y de haber trabajado en agencias como CP Contrapunto, Ogilvy & Mother y MRM McCann y hacerlo para todos los sectores de actividad, especialmente el financiero, Paco Ramírez ha lanzado, apenas hace unas semanas, su propio proyecto: Ohhmails. “Sin socios, sin partners, sin asesores. Solo con mi deseo de encontrar un nicho en el mercado que me permita seguir redactando” ha explicado a Anuncios. De hecho, Ramírez emprenderá una campaña de comunicación dirigida a captar potenciales usuarios para este nuevo servicio.

Superar a la IA
Dicho servicio, operativo en la web creada para gestionar este servicio, se centra en la redacción de emails con una clara propuesta de valor: si su acción no supera en tasa de apertura a la inteligencia artificial, no cobra. "Es cierto que la IA redacta gratis y, además, en cuestión de segundos, pero siendo sinceros, a nadie le importa quién ha escrito el qué, o cuánto ha tardado, o cuál ha sido el precio. Lo único que importa son los resultados que se obtengan". En cuanto a las herramientas de medición para valorar su capacidad, hay una, dice, que es definitiva cuando se trata de valorar la comunicación directa: la tasa de apertura de los emails.
"La creatividad publicitaria no solo es escribir bien, es pensar, interpretar, arriesgar, sentir y conectar con gente real"
A través de su web, los interesados pueden hacer llegar un sencillo briefing y recibirán, en cuestión de horas, un texto “que será único en su contenido, pero idéntico a todos los demás en su propuesta de valor: conectar con el destinatario”, afirma. "La IA no sustituirá a los redactores creativos en la parte creativa esencial, porque no puede crear insights verdaderamente humanos, captar matices culturales con intención, interpretar el contexto social o político con sensibilidad, asumir riesgos creativos, defender ideas ante un cliente y reunir estrategia, emoción y visión en una big idea. La creatividad publicitaria no solo es escribir bien, es pensar, interpretar, arriesgar, sentir y conectar con gente real, entendiendo a la perfección el producto o el servicio que ofrecemos y, sobre todo, poniéndonos en el lugar del público al que va dirigido, conectando con sus deseos y no con los del redactor. Pero esto requiere una capacidad de entender el negocio, un esfuerzo y una disciplina que a menudo resultan muy poco apetecibles para muchos profesionales”, señala.





