Dar un susto, incomodar o provocar una carcajada son algunas de las posibilidades que Halloween pone al alcance de la publicidad. Esta celebración ofrece a las marcas una ocasión para explorar emociones y registros menos habituales en otras fechas del calendario. Pero esta libertad plantea retos como, por ejemplo, la capacidad de aprovechar sus códigos sin diluir la personalidad propia. Cinco profesionales reflexionan sobre ese equilibrio, el papel de las redes sociales y la diferencia entre desarrollar una idea y limitarse a decorar una campaña con calabazas.
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