La marca presenta una historia sencilla y demoledora a la vez, que recuerda algo que a menudo olvidamos entre mensajes de WhatsApp, publicaciones en Instagram o audios de voz: que el mejor regalo no se compra, se dedica, y que está más cerca de lo que creemos. “Sentíamos que teníamos algo gordo entre manos. Desde Ikea siempre intentamos entender cómo vive la gente en el hogar y nos dimos cuenta de que en Navidad este espacio cobra un rol más importante. La Navidad es el momento más emocional del año. Pero ¿en estas fechas festivas estamos realmente presentes o seguimos con la cabeza en otro lado? La casa es el sitio al que llegamos para desconectar, pero es el lugar en el que menos presentes estamos”, explica Gabriel Ladaria, director de marketing de Ikea.

Esta idea ha estado detrás de El mejor regalo es estar presente, la propuesta de ideada y desarrollada por McCann, que lanza un claro mensaje: de igual modo que uno activa el modo avión cuando inicia un vuelo, Ikea pide que esta Navidad (y si puede ser a lo largo del año), el usuario active el modo hogar. “Queríamos poner el foco sobre algo que, aunque parece sencillo, se vuelve a veces complicado: regalar presencia, tiempo de calidad y atención. Es una tensión universal que atraviesa generaciones y estilos de vida, y que se intensifica en estas fechas. En El mejor regalo es estar presente invitamos a reflexionar desde lo cotidiano: ¿cómo vivimos nuestros encuentros, nuestras rutinas, nuestros momentos en casa? Para despertar una emoción que nos lleve a decidir estar presentes cuando podamos elegirlo. Porque creemos que es el mejor regalo que podemos dar y darnos: estar aquí y ahora, conectando de verdad con quienes hacen que nuestras casas sean hogares”, afirma Ladaria.
El mejor regalo es estar presente está dirigido por Alauda Ruiz de Azúa, ganadora en 2022 de los Premios MAS en la categoría de cultura y reciente ganadora de la Concha de Oro en la 73º edición del Festival de San Sebastián con su película Los Domingos
Una preciosa metáfora
Y así se muestra en el spot, que recurre a la figura de un niño que reclama, desde la más pura inocencia, algo tan básico como la presencia y atención completa de sus padres. Su deseo se materializa en una petición de regalo poco usual para su edad: una estantería Billy, por la sencilla razón de que esta requiere ser montada entre al menos dos personas y simboliza el valor de compartir tiempo de calidad juntos. El mítico producto se convierte así en una metáfora de construcción conjunta. “Utilizamos la estantería porque nos venía bien para dar pistas falsas al espectador en esa escena concreta. La madre le está leyendo un cuento a su hijo y, al dejarlo a medias para atender una llamada, al niño se le ocurre pedir la estantería a los Reyes para que los espectadores pudiesen pensar que, ante las ausencias intermitentes de sus padres, el niño se iba a refugiar en los libros. Además, pocos muebles de Ikea son tan icónicos como su clásica librería Billy”, señala Eoin Sherry, chief creative officer de McCann.





