A finales de 2024, Moeve se presentó como una marca renovada (desde la antigua Cepsa) que quería y quiere convertirse en un referente de la transición energética. El germen de esta transformación reside en Positive Motion, el plan que la compañía ha puesto en marcha para integrar la sostenibilidad en las decisiones de negocio. “No se trata de una línea de actuación aislada, sino de un principio transversal que orienta nuestras inversiones, el desarrollo de talento, la innovación y la evolución de nuestros modelos de negocio”, apunta Olalla Del Río, responsable de sostenibilidad de la compañía. En la práctica, esto se traduce en una clara apuesta por la descarbonización, reorientando los recursos hacia soluciones energéticas de futuro como el hidrógeno renovable, los biocombustibles avanzados y la electrificación de la movilidad, con el objetivo de generar un impacto positivo y duradero tanto en la sociedad como en el entorno.

A.— ¿Cómo se integra la sostenibilidad en la estrategia global del negocio y en la toma de decisiones diarias dentro de Moeve?
Olalla del Río.— La sostenibilidad está plenamente integrada en la estrategia global de Moeve y forma parte estructural de nuestra toma de decisiones. Un ejemplo claro es nuestro modelo de gobernanza, que agrupa bajo una misma dirección las áreas de finanzas, estrategia y sostenibilidad. Esta integración garantiza que los criterios de sostenibilidad no se traten como un elemento accesorio, sino como un factor determinante en la definición de prioridades, la asignación de capital y la evaluación de proyectos. De este modo, aseguramos coherencia estratégica, disciplina inversora y una transformación real del negocio, alineando cada decisión diaria con nuestros objetivos de largo plazo y con la ambición de liderar la transición energética.
A.— ¿Qué medidas concretas ha impulsado Moeve para avanzar en sostenibilidad? ¿Han contado con equipos o expertos externos para desarrollarlas y validarlas?
O. del R.— Estamos aterrizando la sostenibilidad en proyectos industriales concretos y en el despliegue de soluciones bajas en carbono. Por ejemplo, estamos impulsando el Valle Andaluz del Hidrógeno Verde, con dos hubs en nuestros parques energéticos de San Roque (Cádiz) y Palos de la Frontera (Huelva), diseñados para escalar la producción de hidrógeno renovable y derivados con fin de descarbonizar industria y transporte. En biocombustibles, además de producir 2G en La Rábida, hemos iniciado junto a Bio-Oils la construcción de una nueva planta de biocombustibles de segunda generación en Palos de la Frontera, con puesta en marcha prevista para este año, para aumentar capacidad y reforzar opciones como SAF (combustible sostenible de aviación). También avanzamos en movilidad con la ampliación de la red de puntos de recarga ultrarrápida en nuestras estaciones de servicio y con el desarrollo y comercialización de combustibles renovables para carretera. Y sí: estos proyectos se desarrollan con equipos técnicos internos y con socios tecnológicos e industriales (según el caso), además de marcos de seguimiento y validación externa cuando aplica (financiación, certificaciones, auditorías y colaboración sectorial) para asegurar rigor técnico, trazabilidad e impacto real.
La sociedad es cada vez más consciente, informada y exigente en materia de sostenibilidad. Hoy ya no basta con comunicar intenciones: se espera evidencia, impacto real y coherencia entre lo que las empresas dicen y lo que hacen
A.— ¿En qué pilares —económico, ambiental y social— se centra su estrategia de sostenibilidad? ¿Qué indicadores utilizan para medir el progreso y el impacto real?
O. del R.— Nuestra estrategia de sostenibilidad se apoya de forma equilibrada en estos tres pilares y se concreta en compromisos ESG ambiciosos, medibles y plenamente trazables.
En el ámbito ambiental, hemos establecido objetivos claros como la reducción del 55% de las emisiones de alcance 1 (emisiones directas) y 2 (emisiones indirectas por energía comprada) para 2030, así como la disminución de la intensidad de carbono de nuestros productos energéticos vendidos entre un 15% y un 20%, ambos en comparación con 2019. Paralelamente, avanzamos en soluciones de alcance 3 (emisiones indirectas más amplias en toda su cadena de valor) mediante el impulso de biocombustibles avanzados de segunda generación, SAF y el hidrógeno renovable, fundamentales para acelerar la descarbonización de nuestros clientes y de la cadena de valor.
En el pilar social, uno de nuestros focos prioritarios es la diversidad y la inclusión. Hemos superado un año antes de lo previsto el objetivo del 30% de mujeres en puestos de liderazgo y hemos elevado nuestra ambición con una nueva meta del 40% en2030, reforzando nuestro compromiso con una cultura corporativa más equitativa, diversa y representativa.
Todo ello se sustenta en una gobernanza ESG sólida y exigente, respaldada por indicadores reconocidos internacionalmente y por evaluaciones externas independientes. Como muestra, en S&P Global Corporate Sustainability Assessment (CSA) hemos obtenido el reconocimiento Top 5 S&P Global CSA Score en nuestra industria, situándonos como número uno en Europa y entre las tres primeras a nivel mundial dentro de nuestro sector. En EcoVadis hemos logrado la medalla platinum, lo que nos sitúa en el Top 1 mundial. Y en Clarity AI (ESG Risk) nos posicionamos como número uno mundial en nuestro sector (categoría leader class).
A.— Moeve trabaja en ámbitos como el hidrógeno verde, los biocombustibles 2G o la movilidad eléctrica. ¿Cuáles son los principales retos técnicos, regulatorios o sociales a la hora de impulsar estas soluciones sostenibles?
O. del R.— El principal reto para acelerar el despliegue de estas soluciones es crear un entorno que permita que la tecnología y el conocimiento avancen al ritmo que exige la transición energética. Para ello, es imprescindible contar con un marco regulatorio estable, claro y predecible que genere confianza empresarial y facilite la toma de decisiones de inversión a largo plazo tanto en España como en Europa. Muchas de estas soluciones requieren desarrollo tecnológico adicional, economías de escala e infraestructuras adecuadas. Al mismo tiempo, existe un reto social y de mercado ligado a la aceptación, la competitividad de costes y la disponibilidad de talento especializado, factores esenciales para que estas tecnologías se consoliden.
Además, debemos tener claro que la transición energética no se construirá en torno a una única solución, sino a un conjunto de tecnologías complementarias. Además de la electrificación, que jugará un papel clave, será necesario desarrollar vectores energéticos como el hidrógeno renovable, los biocombustibles avanzados (bios 2G), el amoníaco y el metanol verdes, especialmente para sectores de difícil electrificación como el transporte marítimo, aéreo y de larga distancia por carretera.





