En un plazo de días se nos han ido dos académicos de honor de la Academia de la Publicidad, Eric Nebot y Marçal Moliné. Aparentemente es difícil encontrar concomitancias en sus carreras, pero creo que hay una importante de carácter general que me gustaría destacar, y es que las dos se consolidaron en los tiempos en los que Barcelona era el centro de la publicidad española.

A muchos menores de 40 años esto le sonará raro y por eso me gustaría destacarlo. Afortunadamente, otros representantes de esa época dorada siguen vivitos y coleando, como Lluís Bassat o Joaquim Lorente. Ellos podrían explicar mejor que yo las razones culturales, industriales o histórico sociales de esa hegemonía que duró un siglo, pero sí quería destacar en qué caldo de cultivo surgen estas y otras grandes figuras de nuestra publicidad.
Si hubiera una lista de primus inter pares entre los ya de por sí destacados académicos de honor, Marçal estaría sin duda entre los siete primeros. Su entrega a la publicidad fue total, como creativo primero y como divulgador e investigador después. Su curiosidad y su capacidad para integrar ideas, experiencias y conocimiento propios y ajenos en sus obras y escritos era inigualable. Cuando más le traté, Marçal estaba ya fascinado con los descubrimientos de la neurociencia, precisamente por su capacidad de explicar científicamente la eficacia de la buena publicidad a través de los procesos cerebrales y de formación de la memoria. Una triste paradoja resultó que fuera precisamente una maldita enfermedad neurológica que aniquila la memoria de sus víctimas la que le apartara de la actividad, primero, y pudiera con su larga resistencia, finalmente.
Su desaparición, además de dolorosa en lo personal, se me antoja triste por ser un buen ejemplo del escaso reconocimiento que nuestra actividad merece (no voy a decir socialmente, porque en pocos países lo tiene) en el mundo de la economía y la empresa. La desaparición de Marçal Moliné debería haber aparecido entre las noticias destacadas de las webs de economía y en las páginas de la materia de los diarios digitales o en papel. Afortunadamente, nos queda la prensa profesional.
Solo espero que con este lamentable motivo su figura y sus enseñanzas sean recuperadas más allá de la labor de esos profesores universitarios que sé que mantienen vivas su llama y sus enseñanzas. Y lo merece no solo como homenaje, sino porque siguen siendo perfectamente aplicables hoy día. Marçal, una de las M de MMLB, sí, pero también uno de los siete magníficos.





